DEPRESION Y DUELO POR UNA PERDIDA

photo-1414849424631-8b18529a81caEl duelo es un proceso que requiere completar una serie de fases,cada una de las cuales requiere un tiempo distinto para cada persona:

1. Aceptar la realidad de la pérdida: El primer paso es afrontar la realidad de que la persona querida ha muerto y que ya no va a volver.
Negar la realidad de la misma puede llevar a trastornos psicológicos como el de la «momificación», que consiste en guardar todo lo que pertenecía al fallecido tal y como lo dejó, preparado para usar cuando él vuelva.
Es normal en esta fase creer ver al ser querido por la calle, reconocerlo en otras personas o tener la sensación de que está de viaje o en el hospital, llamarlo por teléfono cuando nos ha ocurrido algo…
Cuando la muerte es súbita, ésta tarea es más difícil de realizar.

2. Trabajar las emociones y el dolor: Se siente dolor no solo emocional, sino también físico. No hay que negar ese dolor, bloquear los sentimientos o evitar los pensamientos dolorosos, escapar del lugar viajando o cambiando de casa, no son más que maneras de escapar. Debemos permitirnos expresar ese dolor, sentirlo y saber que un día pasará.
Antes o después, todos los que evitan ese duelo consciente pueden arrastrarlo toda su vida cayendo en la depresión o la ansiedad.

3. Adaptarse a un medio en el que el fallecido está ausente: Por ejemplo, en una mujer que pierde a su pareja, esta circunstancia implica aprender a vivir sola , educar a los hijos, enfrentarse a una cama vacía y desempeñar tareas que antes realizaba su marido.
Puedes sentirte inútil e incapaz de asumir esos roles, lo cual, repercute en la autoestima.
Finalmente, la mayoría de nosotros somos capaces de afrontar esos retos y terminamos aprendiendo a hacer cosas que nunca antes habíamos intentado.

4. Recolocar emocionalmente al fallecido y continuar viviendo. No significa olvidar a la persona que se ha marchado si no encontrar un lugar para ella en nuestra vida que nos permita seguir viviendo de modo eficaz y satisfactorio.
Asimilar la muerte, volver a hacer planes y mirar hacia el futuro en lugar de vivir de los recuerdos del pasado. Ser capaz de amar de nuevo no significa querer menos al fallecido.

El duelo es un proceso a largo plazo, cada persona tiene sus tiempos y podemos decir, a grandes rasgos, que ha finalizado cuando somos capaces de pensar en el fallecido sin dolor, cuando recuperamos el interés por la vida y volvemos a sentir placer y a reír sin sentirnos culpables.

Es también interesante recalcar que hay una serie de manifestaciones, sentimientos y conductas, totalmente normales en el duelo y debemos darnos permiso para sentirlas:

1º Sentimientos:
– Tristeza: Es el más común.
– Enfado: En ocasiones nos sorprende estar enfadados con el fallecido por habernos abandonado. Otras veces lo dirigimos hacia quien consideramos responsable de su muerte, por ejemplo, el médico que lo atendía, o , lo que es más grave, hacia nosotros mismos.
– Culpa: Por no haberlo llevado antes al hospital, por no haberle hecho caso, por no haberle besado, por discutir por tonterías…
– Ansiedad: Puede variar desde una sensación de inseguridad a ataques de pánico.
– Soledad: Suelen sentirla sobre todo las personas que pierden a su pareja.
– Shock: Se produce en las muertes repentinas, fundamentalmente.
– Alivio: Es normal sentirlo después de una larga o dolorosa enfermedad y va acompañado de un sentimiento de culpa por sentir que, en el fondo, sabemos que lo mejor era dejar de sufrir.

2º Pensamientos:
– Incredulidad: Es el primer sentimiento que aparece, no podemos creer que sea verdad y sentimos que todo es una pesadilla de la que despertaremos de un momento a otro.
– Confusión: Nos cuesta concentrarnos, olvidamos cosas, parece que no podemos ordenar nuestros pensamientos.
– Preocupación: Es una obsesión con pensamientos sobre el fallecido. Son imágenes intrusivas de su muerte o sufrimiento que no podemos apartar de la mente.
– Sensación de presencia.
– Alucinaciones: Tanto las visuales como las auditivas son normales durante las primeras
semanas:Escuchar su voz, creer verlo sentado en su sillón, escuchar su teléfono…

3º Conductas:
– Trastornos del sueño.
– Trastornos alimentarios: comer poco o en exceso, olvidarse de comer o sentirnos culpables por encontrar placer en nuestras comidas favoritas.
– Conducta distraída.
– Aislamiento social: hay una tendencia a aislarse del resto de la gente.
– Soñar con el fallecido: Sobre todo al principio son sueños angustiosos y pesadillas, relativos a su enfermedad y momento de su muerte.
– Suspirar.
– Llorar: Es muy beneficioso y aconsejable.
– Visitar lugares o llevar objetos que recuerdan al fallecido.
– Guardar objetos y ropa que pertenecían al fallecido.

No debemos considerar patológicas todas estas manifestaciones siempre y cuando no persistan en el tiempo o nos impidan llevar nuestras actividades básicas cotidianas.

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