Terapia Infantil

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La educación es un proceso que no termina nunca y a lo largo del mismo pueden surgir una serie de problemas que nos vemos incapaces de solucionar como padres. Debemos entonces buscar la ayuda de un profesional que pueda asesorarnos e indicarnos el camino a seguir para evitar que se agraven.
Para ello les ofrezco una dilatada experiencia como psicóloga infantil y de adolescentes, entendiendo como madre la angustia que para nosotros supone que nuestro hijo tenga un problema.

La variedad de trastornos que pueden aparecer durante la etapa infantil y durante la adolescencia pueden ser muy amplia, y casi tan extensa como la propia problemática que presenta el adulto, aunque la expresión de sus signos y sintomatología se ajuste a las características propias de estas edades.

En el gabinete de psicología amparo garcia nos hemos especializado en atender aquellos trastornos que tienen una presencia más acusada en ciertas etapas del desarrollo madurativo, como la enuresis, así como otros desajustes que pueden aparecer asociados a problemáticas de tipo adaptativo como fobias, miedos, ansiedad, insomnio, bajo rendimiento académico, dificultades de concentración, relaciones interpersonales pobres o conflictivas, desobediencia, rabietas y otros trastornos de conducta, tristeza y depresión.

Los principales tratamientos que en el gabinete de psicología se ofrecen son los siguientes:

1. PROBLEMAS ESCOLARES Y TECNICAS DE ESTUDIO
Un bajo rendimiento escolar puede deberse a múltiples causas que no siempre tienen que ver con la capacidad del niño para el estudio, sino que remiten a una falta de motivación, falta de adaptación en la escuela o problemas con los compañeros y profesores. El psicólogo educativo, hablando con el niño y con el entorno escolar, detectará cuál es la causa de este fracaso escolar.Será necesario evaluar los entornos sociales, familiares y escolares en los que se desenvuelve el niño o el adolescente, así como su nivel de habilidades tanto intelectuales o de estudio como de autocontrol a la hora de organizarse el tiempo, incluyendo también su forma de relacionarse con los demás, tanto amigos o compañeros como con profesores o padres.

Será necesario además tener en cuenta cuales son la personalidad y los intereses reales del alumno, para saber de qué forma poder ayudarle a dar sentido a las tareas relacionadas con el aprendizaje, de tal manera que éstas entren dentro de sus propias expectativas de futuro, construyendo un aprendizaje significativo y ligado a sus conocimientos y habilidades previas.
Al mismo tiempo no siempre es necesario que exista un bajo rendimiento, sino que siempre es útil enseñar a nuestros hijos a estudiar para que puedan mejorar sus notas, aprendan a organizarse y aprovechen mejor sus capacidades.

2. PROBLEMAS DE APRENDIZAJE
Dislexia, discalculia, logopedia: múltiples pueden ser los problemas que están detrás de un bajo rendimiento escolar y que es necesario detectar cuanto antes para poder realizar el tratamiento adecuado y evitar que el problema se agrave. Solo un psicólogo especialista en educación puede realizarlo de modo adecuado e indicar dicho tratamiento.

3. DEFICIENCIA MENTAL
El diagnóstico de una deficiencia psíquica suele hacerse relativamente temprano por parte del pediatra, pero a partir de ahí es necesario diagnosticar con precisión a qué tipo de deficiencia nos enfrentamos para saber el tratamiento conductual, educativo y familiar necesario. Cuanto antes trabajemos con el niño, mayores serán sus posibilidades de aprendizaje. No debemos nunca desesperar ni tirar la toalla cuando recibimos el impacto inicial de un diagnóstico de deficiencia, sino que debemos asumirlo, integrarlo y ponernos en marcha cuanto antes, sin obviar que será un proceso duro y para toda la vida, pero que nos abre un abanico de posibilidades que muchas veces nos sorprenderá. Nunca sabemos de lo que va a ser capaz nuestro hijo y siempre debemos confiar en él y en esas capacidades.

4. PROBLEMAS EMOCIONALES
Los niños también pueden sufrir depresión. Puede presentarse en distintos grados y duración y se le puede calificar como enfermedad cuando permanece por un largo tiempo e interfiere con la actividad diaria y habitual del niño
Cuando un niño ha experimentado alguna perdida, está viviendo algún proceso de abuso ya sea físico, emocional o sexual, maltrato, y en general vive con mucha ansiedad, o con mucho miedo, es propenso a caer en un cuadro de depresión o ansiedad.

Todas estas manifestaciones de depresión, ansiedad, baja autoestima, falta de habilidades sociales, problemas de integración…, son algunos de los problemas emocionales que pueden afectar a un niño desde su más tierna infancia. En la actualidad, la ansiedad, la depresión o el estrés están alcanzando tasas preocupantes en la niñez y adolescencia y deben hacernos recapacitar y analizar qué está ocurriendo en el entorno del chico y en nuestra sociedad ansiedad, depresión, baja autoestima, falta de habilidades sociales, problemas de integración…, múltiples son los problemas emocionales que pueden afectar a un niño desde su más tierna infancia. En la actualidad, la ansiedad, la depresión o el estrés están alcanzando tasas preocupantes en la niñez y adolescencia y deben hacernos recapacitar y analizar qué está ocurriendo en el entorno del chico para que se sienta así.

5. FOBIAS Y MIEDOS
Lla mayoría de los miedos que aparecen en la infancia suelen desaparecer con el tiempo porque son simples miedos evolutivos propios de esa etapa. El miedo natural en el niño cumple un mecanismo de protección, evitando la ocurrencia de diferentes peligros. En los primeros meses el bebé suele reaccionar ante ruidos fuertes o estímulos intensos; entre los 8-12 meses se intensifica el miedo a las personas extrañas o a la “separación de los padres”. Y al mismo tiempo que aparecen a determinadas edades, desaparecen una vez cumplida su fase evolutiva. Sin embargo, cuando estos miedos son reforzados o aprendidos o generalizados por influencia del ambiente familiar, pueden llegar convertirse en crónicos: el miedo natural a la “separación de los padres” si resulta reforzado por los padres puede convertirse en un ansiedad de separación que dificulte la integración y la socialización durante los primeros años de la etapa escolar.

Un manejo inadecuado de los mismos puede provocar que se perpetúen y lleguen a convertirse en fobias. Una simple consulta al psicólogo infantil puede ayudarnos a saber cómo manejar esos miedos.

6. TRASTORNOS DE CONDUCTA
La desobediencia así como otros desórdenes en el comportamiento suelen ser frecuentes en la infancia, llegando en algunos extremos a plantear un desafío al control parental, estableciendo una relación entre padres e hijo conflictiva y problemática. Sin embargo, estas conductas suelen ser habituales en los primeros años de vida, formando parte del proceso evolutivo del niño, por lo que la decisión de si intervenir o no vendrá motivada por la variedad de contextos en los que se produce, la intensidad o gravedad de los comportamientos y el aumento o falta de remisión espontánea durante el desarrollo del niño.

Cuando se habla de agresividad infantil nos referimos al comportamiento en los niños de forma intencionada que puede causar daño tanto físico como emocional, a él, a otros niños, e, incluso, a los padres.

Estos comportamientos pueden ser golpes, mordidas, pellizcos, burlas, ofensas, groserías, rabietas y cualquier otro comportamiento que tenga la intención de hacer daño.

La agresividad no solo puede ser física, sino que también puede ser en forma de chismes, mentiras, amenazas, chantajes, etc. En algunos casos esta agresividad infantil puede tener origen en una dificultad de manejar sus impulsos internos, pero en la mayoría de los casos la agresividad infantil es el reflejo de sentimientos y sensaciones que el niño no sabe y no puede manejar que le llegan desde el exterior. La frustración es la principal sensación que un niño no sabe manejar y que lo lleva a reaccionar con agresividad.

Otro factor ambiental que puede propiciar agresividad en los niños es la imitación de modelos de formación, como los padres.Los niños aprenden a ser agresivos si su núcleo familiar tiene un elemento agresivo, tanto físico como emocional..Aquellos padres que caigan en los extremos de la disciplina, es decir, tanto con una disciplina relajada y con poca exigencia, como una disciplina estricta y rígida, son propicios para formar niños agresivos.Los padres que no ponen limites y ceden a todas las exigencias del niño no le ayudan a formar un mecanismo que le permita lidiar con la frustración, lo que hace que cuando el niño no logra satisfacer alguna de sus demandas al presentarse la sensación de frustración reaccionen con agresividad.

Así también, los padres con actitud hostil, sin demostraciones de afecto, con una disciplina estricta y rígida, que con frecuencia recurren al castigo físico o al chantaje emocional y a la reprimenda con insultos, forman niños que no sepan lidiar con la frustración y reaccionen con agresividad.

En general, los motivos que pueden llevar a un niño a reaccionar de manera agresiva son muchos y muy diversos, y es por eso que se recomienda recurrir a un profesional para recibir ayuda y ayudar a superar la situación que este propiciando este comportamiento.
(*Texto extraído del Centro de Desarrollo de Habilidades Psicolingüísticas (CEDHAP), México 2011.)

7. ADOLESCENCIA
En el caso de los adolescentes la adecuación a los cambios físicos y psicológicos, cambio de imagen, así como a los nuevos roles sociales que tiene que desempeñar, hace que las relaciones con los demás, el grupo de iguales, la familia, etc., cobren más importancia constituyéndose en posibles fuentes de miedos y/o conflictos. Cada experiencia angustiosa o conflictiva no tiene por qué ser negativa en sí, sino que en condiciones normales debe servir de ayuda para madurar emocionalmente y aprender estrategias de afrontamiento adecuadas para manejar situaciones difíciles o sucesos estresantes. Sin embargo, hay ciertas ocasiones en las que estas experiencias provocan un fuerte malestar emocional ante el cual el joven no es capaz de enfrentarse. Pueden aparecer entonces trastornos de conducta y emocionales que pueden alcanzar cierta gravedad y hacen necesario, al menos, una consulta por parte de los padres a un psicólogo especialista no solo en adolescentes sino en terapia de familia, ya que solo una dinámica familiar en la que se impliquen todos los miembros de la familia puede ayudar a solucionar el problema.

Tarifas y precios por sesión

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